domingo, 21 de abril de 2013

{ Capítulo uno }

______'s ponit of view:

No tenía miedo a el que diría la gente, a penas se notaba. Creía que no se darían cuenta, de todas  formas, tenía excusa. Necesitaba volver, evadirme de todo, desaparecer por un tiempo. Descansar, volver a mi verdadero hogar.

Mi madre llegó de trabajar, y como cada año, se dirigió a mi mochila y sacó el sobre. Todo estaba perfecto, necesitaba irme de allí, volver a mi verdadero hogar y olvidar. Olvidarle a él, olvidar todo lo sucedido, ser una nueva persona. Esbozó una leve sonrisa, que a la vez le preocupaba. La entendía, ella no quería hacerlo, mi padre tampoco. Pero me lo habían prometido, de modo que se acercó a mí para darme un beso en la frente y acto seguido buscó su nombre en la lista de contactos. "Mamá, soy yo. Oye... Lo de la niña, que si que va... Sí, todo perfecto, muy bien, sobresalientes.  Mañana le compro el billete. " Al escucharlo empecé a saltar de alegría. Llamé a Christian para darle la noticia, quería despedirme, no lo volvería a ver hasta que empezasen las clase. No sé exactamente por qué lo hice. A pesar de todo, yo lo quería. No se lo tomó muy bien, decidí quedar en el centro comercial, allí había mucha gente, no pasaría nada. 

Habíamos quedado a las cinco, todavía tenía media hora para twittear un poco. Encendí el portátil y mientras se cargaba me cambié de ropa. Prefería no discutir así que me puse unos jeans largos tejanos y una blusa blanca de tirantes. Hablé con las chicas por el grupo de whatsapp para contarles la buena nueva. Luego cogí el bolso y salí en busca de un taxi. 

Cuándo llegué, él ya estaba allí, tan perfecto como siempre. A mi madre le gustaba, decía que provenía de una buena familia, que era educado y me sabría cuidar... Pobre ingenua que no imaginaba ni de lejos la pura realidad. Me agarró por la cintura y me dio un dulce beso en los labios, acto seguido cogió mi mano como si de un tesoro se tratase y empezamos a andar. Me resultó extraño, tal vez solo eran paranollas mías. Entramos a todas las tiendas que habían, nunca lo habíamos hecho. Lo más extraño de todo era que me animó a comprarme ropa corta, bonita y llamativa. Luego fuimos a tomar un helado y explotó la bomba, en ese momento lo entendí todo. Christian me miró intensamente, sus ojos azules lanzaban dagas a mi piel. "Cariño, he pensado lo del viaje y creo que sí. Me parece genial que quieras ver a tus abuelos, además lo pasaremos genial. Mis padres tienen una casa por allí, así que podremos hacer fiestas, tener todo tipo de lujos y disfrutar el uno del otro. Dile a tu madre que ya he comprado yo los billetes, mañana a las cinco de la mañana estate lista, pasaré a por ti y... " Lo corté tímidamente. "Chris..." Su mirada, enfadada, se cernió sobre mí. Aunque estaba un poco asustada por su posible reacción decidí continuar "¿Como que lo pasaremos? ¿Como que pasarás?" Una pequeña sonrisa, a mis ojos diabólica, se dibujó en su cara. "Claro, yo también voy, no iba a dejarte ir sola... Bueno, mañana te veo, descansa eh." - me dio un beso en la frente, cogió el casco de la moto y se fue. 

Estaba perpleja, asombrada. Yo solo quería desconectar, olvidarle y ahora se iba a venir conmigo.

Decidí volver a casa andando, me gustaba hacerlo y necesitaba pensar, aclarar mis ideas. De paso compré las últimas cosas necesarias y al fin llegué a casa.

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El viaje a penas duraba 20 minutos, desde el avión ya podía ver Mallorca. Mi querida y amada Mallorca.  Las ganas de respirar aire puro, volver a ver sus gentes, sus playas. Aquel lugar me enamoraba. Bajamos del avión, allí estarían mis abuelos, o al menos eso creía. En la salida del aeropuerto había un chico alto, de ojos marrón avellana, con una sonrisa perfecta y de cabello castaño claro, casi rubio que vestía con unos pantalones negros caídos, enseñando parte de sus calzoncillos, camiseta de tirantes negra de cuero, una medalla en forma de cruz - posiblemente de oro-, gorra negra con la palabra "SWAG" inscrita en blanco y la visera formada por un estampado de leopardo, que iban a conjunto con sus supra rojas. Era un chico misterioso, intrigante, llamativo. Todo sería normal si no fuese porque tenía un cartel en el cuál ponía : _______ y Christian. Me quedé perpleja y me acerqué a él."Hola yo soy ________ y él es Christian. Ehm, ¿donde están mis abuelos?" Aquel misterioso joven me observaba atentamente. "Oh, vamos. ¿Enserio no me reconoces? Después de tantos años y sigues siendo igual de despistada." Dijo entre risas. Lo miré fijamente a los ojos, luego él alzó el brazo señalando su muñeca. Y todo me quedó clarísimo, conocía perfectamente aquella pulsera. Me abalancé sobre él. "¡JUUUUUUSTIN!" - No pude evitar gritar de emoción- "¿Eres tú? ¡Dios mío! ¡Cómo has cambiado! Es decir... ¿Justin?" Noté como se ponía rígido ante la mirada amenazante de Chris en cuanto vio nuestro abrazo. "Hola... Tú también has cambiado bastante, ¿cuanto hace? ¿Cinco años? Tú eras una cría..." No podía evitar reír, es decir, era él. "¡Oye! Bueno un poco, tenía trece, tú tenías quince, supongo que era tan madura que iba contigo..." Christian no reaccionó bien ante esto, ahora él también se puso rígido. "Hola, soy Christian el novio de _______. - me dio un beso, demostrando que le pertenecía y continuó- ¿Nos vamos?" Justin me miró bastante sorprendido antes de asentir suavemente con su cabeza. "Ehm, claro."

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Justin era un chico especial, la verdad. Sus ojos avellana tenían un brillo especial. Su mirada era tan intensa, tan perfecta... Su pelo castaño claro, peinado a la perfección y su sonrisa. No necesitaba nada más para enamorar a una chica.
Lo conocí cuando tenía diez años, aquel verano mis padres se habían ido de viaje y me quedé en Mallorca con mis abuelos. A partir de aquel año, coincidimos todos los veranos, su madre Pattie venía a Mallorca en verano para alejarse un poco de Canadá, para alejarse de la rutina. Bruce y Diane, sus abuelos, eran íntimos amigos de los míos y siempre que tenían que hacer recados o irse de Mallorca por unos días dejaban a Justin con nosotros.
Por aquella época él era el típico chico tumblr, aquél del que todas estaban enamoradas, incluyéndome a mí. Recuerdo, que todas morían de amor por él, excepto su novia. Ella sólo era una chica guapa, delgada, digamoslo, falsa. ¿De esas que con los chico son un amor, pero que con las chicas son de lo más malas? Pues así, el diablo en persona.

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Dejamos a Christian en la casa de sus padres y llegamos a la casa de mis abuelos. Adoraba aquel lugar, tenían una playa privada y vivían allí, a primera línea de playa. Recuerdo que de pequeña, cada mañana, nada más levantarme, cogía el desayuno e iba a la orilla a ver las olas. Había pasado tanto tiempo... Pero todo parecía seguir igual. Habíamos quedado con Christian en el paseo marítimo para ir a comer pero todavía nos quedaban un par de horas.

"Hola petita meva ¿Como estás? Has crecido mucho" Mi abuela esbozó una sonrisa dulce, añoraba tanto aquella sonrisa. "Hola abuela, la verdad es que ahora que al fin estoy aquí, mucho mejor. ¿Y el abuelo?" La sonrisa que había mostrado desapareció totalmente de su rostro, dando lugar a una falsa sonrisa, que dio lugar a unos ojos menudos, oscuros y tristes. El abuelo, está intentado negociar con..." La corté tajantemente, mamá me había comentado que se habían planteado irse de la casa, pero se supone que no lo iban a hacer. "¿Negociar?¿Con quién?" No podía ocurrir, no ahora. Yo simplemente necesitaba estar allí, nada de aquello podía, ni debía desaparecer. Ella me miró dulcemente, intentando calmarme. "______, nosotros ya somos mayores...  Sólo queremos vivir tranquilos... " Justin la cortó, mientras le agarraba la mano tiernamente. "Nanna...- así es como él la llamaba, su abuela era muy amiga de la mía, pero murió cuando él era pequeño, de manera que ella lo trató siempre como a un nieto - Dile la verdad, mintiéndole no consigues nada." Justin se giró, ahora posando sus ojos, mostrando su preocupación, en los míos.  "_______, quieren quitarles las tierras y la casa para construir una nueva zona playera para que los ricos tengan intimidad. - resaltó la última palabra. - Si no pagan una buena cantidad, el banco les arrebatará las tierras, esos hijos de puta..." Las lágrimas empezaron a caer lentamente sobre las mejillas de mi abuela." Justin, cálmate. Sabes que no podemos hacer nada, cuando acabe el verano, empezarán a construir."

Noté como las lágrimas pinchaban detrás de mis ojos, queriendo salir de ellos. No pude evitar contenerlas. Aquella casa, aquellas tierras... Significaban todo para mí. Mi infancia, mi secreto, mi todo. Salí corriendo de la casa, dejando allí a Justin y a mi abuela solos, en silencio. Me quité las sandalias, las dejé tiradas en el suelo y empecé a correr por la playa hasta llegar. Adoraba aquel lugar, mi cueva. Era mi secreto mejor guardado. Me quité los shorts y la camiseta, me hice un topo mal hecho y me eché al agua sin dudarlo dos veces.

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No sabía cuanto tiempo había pasado, simplemente me hallaba allí, sintiendo el agua salada traspasar mi piel. Miré mis manos, encontrando en ellas el resultado de pasar demasiado tiempo en el mar, estaban arrugadas como una pasa. No pude evitar sonreír al recordarlo.

"¡______, te vas a arrugar tanto como la abuela o incluso más como no salgas pronto!" El estúpido de Justin se burlaba de mí, mientras paseaba agarrado de Sara. Esa idiota. " Te crees mejor que todas por salir con un idiota, creído y estúpido" No pude evitar refunfuñar mientras salía del agua, como no, yo, la despistada, tropecé con una roca cayendo y haciéndome un pequeño corte en la pierna. Justin salió corriendo en busca mía, agarrándome de la cintura y llevándome con los dos brazos, me acercó a la orilla depositándome lentamente y con cuidado sobre la arena ardiente. "¡Quema!¡Justin!¡Me quemo!¿No lo ves?" Yo lo observaba por el rabillo del ojo, resignádome a mirarlo a los ojos. Él no pudo evitar soltar una pequeña carcajada antes de volver a cogerme en brazos, subiéndome por un lado sobre su hombro para seguidamente empezar a correr por la playa mientras yo gritaba que parase y me soltara, hasta llegar a casa y dejándome sobre una hamaca. "¿Mejor así? ¿O la señorita necesita algo más?" Justin me observaba atentamente, cuando se dio cuenta de que yo no podía parar de reír."¿Se puede saber que te hace tanta gracia?" Cogiendo un poco de aire, lo miré por primera vez a los ojos fijamente. "Tú." Él se quedó perplejo, en sus ojos pude observar el deseo de ir contra mí, queriendo hacerme cosquillas, pero yo era más rápida. Saltando sobre él, empecé a correr hacia el interior de la casa hasta llegar a mi habitación y cerrar con pestillo para que le fuese imposible entrar. Golpeando la puerta, comenzó a gritar. "¡Abre!¡Abre ahora mismo pasa arrugada!¡Sé que estás ahí!¡Dime que te hizo tanta gracia!¡Vamos!" Me acerqué lentamente a la puerta, podía sentir su agitada respiración. "Prométeme que no te vas a enfadar y te lo digo." Justin soltó un suspiro, pude imaginar como al otro lado de la puerta una sonrisa se formaba en su cara. "Lo prometo, ahora dímelo." Respirando una vez más, antes de intentar parecer lo más seria posible comencé a hablar. "Me haces gracia tú. Bueno, en realidad tu acento, es realmente gracioso. Cuando has dicho señorita...- no pude evitar decirlo entre risas- Justin, tú realmente dices Seniourita"

Había pasado tanto tiempo, él no parecía el mismo chico que yo vi por última vez cinco años atrás en el aeropuerto. Yo tampoco lo era, estaba rota por dentro y empezaba a romperme por fuera. Decidí salir del agua, ya que debía volver a casa, cuando tropecé contra una roca, intentando apoyarme en mis manos, pude sentir un desgarrador dolor en mis muñecas, un líquido fluido brotaba de ellas. "Mierda, ahora no por favor." Miré mis muñecas, aunque no era necesario hacerlo, sabía perfectamente que mis antiguas heridas de guerra se había vuelto a abrir por el impacto contra la roca. Enrollando mis muñecas en mi ropa, emprendí mi camino hacia la casa pasivamente.

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Cerré la llave de la ducha, me enrollé en una toalla, evitando observar mi cuerpo reflejado en el espejo, antes de salir del baño. Sequé mi pelo con una toalla y apliqué un poco de espuma dejándolo secar al natural, obteniendo un pelo rizado. Abrí la maleta, que para mi sorpresa estaba vacía, supuse que mi abuela habría metido toda mi ropa en el armario. Me dirigí hacia él, y escogí unos jeans de color azul turquesa, una camiseta gris ancha con las palabras Won't stop inscritas en ella con un color negro brillante, bañadas en pulpurina del mismo color y mis viejas "Converse" negras. Introduje mi Blackberry en el bolsillo de mis jeans antes de salir de la habitación para bajar las escaleras y encontrar a Justin junto a tres hombres, posiblemente de unos 30 años y unos chicos que más o menos tendrían su edad, junto a él.

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